La nube rosa

Tiempo de lectura: 55 segundos

Ella mira a su hijo mientras se columpia en el parque desierto. El sol de Noviembre calienta extrañamente, aunque una suave brisa agita el manto de hojas que tapiza el suelo.

‒Mamá, si cierro los ojos veo una nube rosa. ‒El hijo se balancea con una cadencia monocorde.

“¡Qué cosas tiene este niño! Me preocupa tanta sensibilidad” ‒piensa la madre que ahora le observa curiosa. ‒Ten cuidado, cariño, no te vayas a caer.

Un joven con ropa deportiva que toma el césped como la tarima de un gimnasio improvisado, la desconcentra. ‒“Que vaya con cuidado este pobre, que por aquí corren muchos perros sueltos”.

Al girarse de nuevo, el niño permanece con los ojos cerrados, el mar de un nítido azul al fondo.

‒Cariño. ¿Qué tal la nube roja?

‒Rosa, mamá. Ahora pienso que me he vuelto pequeño y que me meto dentro de la nube. Así estoy tranquilo.

Ella, con desasosiego, se incorpora del banco donde estaba sentada.

‒Vamos a comer, vida. Mañana ya volveremos.

Deja un comentario