Un espacio para navegar entre relatos

Me siento en deuda con los autores de los libros que me acompañaron en mis desplazamientos en tren durante más de treinta años. Aunque dirán que pagué por ello, siento un sincero agradecimiento por su trabajo, que me mantuvo despierta y entretenida, mientras mi cuerpo viajaba enfundado en un corsé de seriedad profesional. Esos momentos que viví entre textos, solo interrumpidos por llegadas a destino, por charlas con compañeros usuales o casuales, por alguna que otra cabezada en las horas más tempranas o por mis contemplaciones preferidas: el vaivén del mar o la vida tras las ventanas iluminadas de hogares ajenos.

Ahora que trabajo desde casa, intento saldar la deuda contraída y escribo para los que se aburren en trayectos de ida y vuelta.